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De tanto pronunciar y escribir palabras, terminamos familiarizándonos
con su estructura. blogs.educared.org |
Por Oscar Domínguez
Abril, mes del idioma, no se concibe sin hablar, por ejemplo, de la detestada ortografía que es, finalmente, el traje de luces del idioma. Sin ella, las palabras quedan como en paños menores, con los calzones abajo.
Cada palabra tiene su propia arquitectura. Una vez construidas las casas de las palabras -que podríamos llamar frases-,
las ideas se van a vivir en ellas, como esos conversadores empedernidos que no solo se sientan en la palabra, sino que se acuestan con ella.
De tanto pronunciar y escribir palabras, terminamos familiarizándonos con su estructura.